Alberto cerró la puerta de su apartamento con un suspiro pesado. La imagen de Georgina alejándose con su pequeña todavía estaba fresca en su mente. Sabía que debía arreglar las cosas con ella, pero primero, había algo más urgente que hacer.
Sacó su teléfono y marcó rápidamente el número de su abogado, Damián. Necesitaba actuar antes de que Francis hiciera otro movimiento.
—Alberto, ¿todo bien? —preguntó Damián al atender.
—No, Damián. Francis apareció hoy. Hizo un escándalo y me amenazó con lle