Luara despertó tendida en la cama donde había dormido los últimos días, sola y con el cuerpo muy dolorido.
La luz del alba rayaba con fuerza esa mañana que al parecer era muy especial para la manada Moon, porque desde donde ella estaba podía escuchar la algarabía de los lobos anunciaban felicidad de algo que sucedía y que ella no conocimiento y tampoco la claridad de lo que pasaba allá afuera.
La habitación se iluminaba con fuerza por los rayos que entraban por la ventana abierta y que se metía