48. Confiando a ciegas
Ximena
El que no se arriesga a enfrentar lo desconocido, jamás sabrá qué tan cerca estaba de la salida.
—Te noto nerviosa.
—¿Qué? Para nada.
—Pues llevamos un rato frente a la puerta y todavía no tocas.
Ni siquiera me había percatado de eso.
—Ah ¿Sí?
—Ximena, sé que esto es nuevo para los dos, pero no quiero que te sientas obligada a nada, no sé a quién quieras presentarme, pero si no estás preparada lo puedo entender, volvamos al auto y perdamos el tiempo en cualquier otra parte.
—Quiero hacer