- Yo quiero... Mil veces quiero... Ser tu esposa, tu mejor amiga... El amor de tu vida... Y estar en tu cama todas las noches.
-Después de tenerte en mi cama, nunca más quise a otra mujer, señorita Virginia Hernández. - Él sonrió.
Francis colocó el anillo y el anillo en mi dedo. Observé la piedra enorme y brillante en mi dedo.
Nuestras miradas se cruzaron, aquella madrugada de sábado a domingo. Estábamos solo nosotros dos allí, en nuestra pérgola, nuestro eterno hogar de la infancia, donde cogi