Sentí su erección debajo de sus pantalones y lo toqué en broma. Pronto sentí sus manos en mis muslos, subiendo suavemente, trayendo consigo toda la tela del vestido. Cuando llegó a las bragas, tocó mi íntima debajo de la diminuta tela de encaje, sintiendo el exceso de humedad.
- Caliente... - Murmuró mientras sus labios besaban mi cuello sin prisa.
- Vete, Francis... - le pedí, como si eso tuviera que pasar siempre que estuviéramos juntos.
Hábilmente rasgó los costados, quitándose fácilmente la