En medio de un operativo militar sin precedentes, trasladaron a Tania y a Lucas a una clínica privada en el centro de la ciudad.
No solo la instalación fue cerrada al público para garantizar la seguridad, sino que el área, a dos kilómetros a la redonda, fue acordonada y fuertemente vigilada.
Tania imaginó que el país había movilizado a más de la mitad de sus fuerzas militares a ese lugar. Nunca había visto a tantos soldados juntos, y todos armados como si aquel país se encontrara en guerra.
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