Aunque cada día, físicamente, Tania se sentía agotada y adolorida, su espíritu comenzaba a experimentar un cambio positivo. Ya no se resignaba al simple hecho de soportar los malos tratos de la gente de SupraCorp, sino que empezó a prestar más atención a lo que hacían, a sus rutinas, a sus maneras de llevar a cabo sus investigaciones y a los comentarios que hacían durante las pruebas o a espaldas de sus supervisores.
Se percató de la existencia de tres grupos definidos: los que obedecían de man