En ese momento, Luna levantó la vista.
—Mamá... ¿hoy iremos al salón de belleza?
Laura sonrió de inmediato.
—Claro, mi amor. Mamá resolverá unas cositas en la clínica y después las dos pasaremos el día dejándonos consentir.
Luna abrió una sonrisa entusiasmada y se volvió hacia su padre.
—Papá... los libros nuevos llegaron ayer. Te esperé para abrirlos contigo, pero llegaste muy tarde.
Edgar se levantó, caminó hasta su hija y besó con delicadeza su manita.
—Luz de mi vida... perdona a papá. Ayer