Liam entró en el coche y cerró la puerta con más fuerza de la que pretendía. El golpe le resonó en el pecho, como si el ruido hubiera dicho en voz alta aquello que él mismo evitaba admitir: algo dentro de él había sido tocado.
Giró la llave y aceleró. No lo pensó dos veces. Solo condujo. La conversación que había escuchado detrás de la puerta seguía martillándole en algún punto entre la rabia y el desprecio.
Mientras los neumáticos cortaban el asfalto, la mandíbula tensa decía más que cualquier