Felipe se acercó despacio.
Como si cualquier movimiento brusco pudiera hacerla desaparecer.
Como si todavía no terminara de creer lo que estaba viendo.
—Hola, princesita... —La voz se le quebró por completo. Una sonrisa emocionada apareció en sus labios—. Soy tu abuelo.
Su mano tembló ligeramente al acariciar el cabello de la niña.
—Te tuve mucho tiempo en brazos cuando eras muy pequeñita. —Sus ojos se llenaron de lágrimas—. Tú devolviste la vida a esta familia, ¿lo sabías?
La garganta se le ce