Ana completó, con los ojos llenos de lágrimas.
—Hija… que tengas un buen parto —dijo, con la voz entrecortada—. Cuando empiecen las contracciones, empuja… y, aun cuando sientas que no puedes más… pídele ayuda a Dios. Piensa en el olor de tu hija en tus brazos. Te amo.
Olívia sonrió, emocionada, conteniendo las lágrimas.
—Los amo —dijo—. Avísale a Víctor, por favor.
La llamada se cortó. Laura se acercó a la cama, tomando las manos de Olívia con cariño.
—¿Estás nerviosa, cuñadita? —preguntó, incl