Laura se quedó inmóvil.
—Tu madre fue la responsable de que ustedes dos se separaran —dijo Marcela, alzando una ceja con provocación.
Se encogió de hombros.
—Y mi papel… era consolar a Edgar en otro país —completó, esbozando una sonrisa cargada de malicia.
Laura sintió que las piernas le flaqueaban.
—Quedaría embarazada de él —la voz de Marcela era gélida—. Lo retendría allá —sonrió despacio—. Le lavaría el cerebro —su voz se volvió más venenosa—. Y le recordaría todos los días que tú eras una