Olivia estaba sentada en el sofá de la terraza, el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante, una mano acariciando despacio su vientre. La ciudad brillaba al otro lado de la enorme ventana frente a la cual Liam permanecía de pie, rígido, las manos en los bolsillos, la mandíbula apretada.
El silencio entre ellos era más ruidoso que cualquier grito.
Sin volverse, él rompió la tensión.
—¿Vas a seguir callada? —preguntó con una voz demasiado controlada.
Olivia mantuvo la mirada fija en su propia