Alex la besó. Un beso intenso, profundo, de esos que dejan sin aliento. Ísis se aferró al saco de él, correspondiendo durante unos segundos antes de apartarse, jadeante.
—Alex… —murmuró, pasándose la mano por el cabello—. Volvamos a la fiesta antes de que hagamos algo de lo que podamos arrepentirnos. Y hace frío aquí.
Él apoyó la frente en la de ella, respirando con dificultad, pero sonriendo.
—Yo me encargo del frío —dijo en voz baja—. Solo disfruta el momento… relájate, cariño.
Ella sostuvo s