Minutos después, Liam y Olívia estaban en el auto, camino al hangar privado.
El jet blanco y plateado los esperaba, brillando bajo el sol. Un empleado despejó el paso hasta la escalera metálica. Olívia respiró hondo, con la deliciosa sensación de estar entrando en una nueva etapa.
Cuando puso el pie en el primer peldaño, Liam le sujetó la cintura con firmeza, atrayéndola hacia él antes de que subiera.
El contacto era cálido, posesivo, seguro.
Él murmuró junto a su oído, con esa voz grave que le