CAPITULO 85: DENUNCIA.
Lo que estaba viviendo era tan irreal para mí. Mientras estaba recostada sobre la camilla me sentía tan inquieta, tan sola. La ginecóloga hacía su trabajo en silencio y la angustia de los minutos que parecían horas, me invadía, las muestras de mi boca, las fotos de mi cuerpo me hacían sentir realmente invadida y ultrajada.
—Listo, terminamos... Puede vestirse.
—¿Es todo?
Preguntó Raquel tímidamente.
Había visitado el ginecólogo muchas veces y era algo que no me cohibía, pero las miradas de