Por Alejandro
Dos pasos después ya tenía a una platinada y con dos palabras, salí con ella del lugar, la llevé a mi casa.
Lo hice como un animal en celo, pero casi sin mirarla, tenía el sabor de Valeria impregnado en mis labios.
¿Qué tiene esa mujer? No eran solo las piernas más perfectas que vi en mi vida, ni su culo, ni su pecho, ni su boca, era todo eso y más, mucho más.
Eran las 3 de la mañana.
-Mi chofer te alcanza donde digas.
Le dije de repente.
Tres polvos con una desconocida ya fue suf