Las palabras de Camila desconcertaron a Mateo.
Aflojó un poco la mano.
Ella consiguió respirar al fin. Tomó aire con fuerza y, poco a poco, su rostro fue recuperando el color habitual.
Mateo la soltó y se enderezó. Retrocedió unos pasos.
Aunque volvió a quedar bajo la luz, había perdido por completo el encanto que alguna vez había hecho latir el corazón de Camila.
Ella tosió un par de veces y lo miró con rabia.
—Destruiste con tus propias manos a alguien que te amaba más que a su propia vida.
Sí