Gabriel se había quitado la chaqueta negra que llevaba en el brazo, dejando ver su camisa blanca. Con sus anchos hombros y estrecha cintura, los dos primeros botones desabrochados le daban un aire casual y relajado.
Antes de que Fabiola pudiera hablar, Gabriel se detuvo frente a Ana. Con sus hermosos ojos entornados y las largas pestañas proyectando suaves sombras bajo sus párpados, habló con voz fría y cristalina: —Señorita Vargas, vamos, yo la llevo.
Fabiola se sorprendió ligeramente. ¿Gabriel