Esta conclusión dejó a Ana bastante sorprendida.
El agente, mientras respondía mensajes en su teléfono, de repente exclamó:
—¿Cómo? ¿El señor Urquiza del apartamento de al lado también quiere vender?
Ana se disponía a regresar a casa cuando, ya en el auto, recibió una llamada urgente de Lucía:
—Ana, ¿estás libre? ¿Podrías venir al hospital?
Ana se dirigió inmediatamente hacia allá. Encontró a Lucía postrada en la cama del hospital, pálida como un papel. Esa misma mañana había estado bien, pero a