—¡Suéltame! ¡Llamaré de inmediato a la policía! ¡Estás loca! —gritaba Isabella entre lágrimas, con el cabello desarreglado.
Lucía soltó una risa burlona y la obligó a levantar la cabeza antes de propinarle una sonora bofetada que le dejó la mejilla marcada. Los presentes la miraron quedaron atónitos, mientras Lucía, volvía a golpearla, ahora en la otra mejilla.
—¿Qué tal se siente apoyarte en el hombro de mi marido? —espetó Lucía con una sonrisa de desprecio.
Isabella, aturdida por los golpes, n