Mateo sintió una fuerte punzada de inquietud. En toda Terraflor, el apellido Urquiza era poco común, y «señor Urquiza» solo podía referirse a su tío Gabriel.
La puerta de la sala de interrogatorios se abrió, confirmando sus sospechas, al ver entrar a Gabriel; quien se adentró con su habitual e impecable elegancia: una camisa blanca abotonada hasta el cuello, un chaleco gris y pantalones negros que resaltaban su esbelta figura. Su rostro de facciones masculinas y atractivas estaba enmarcado por u