Ana lo miró con una expresión que claramente lo trataba de idiota.
—Mateo, ¿te volviste loco?
Ya no tenían ningún tipo de relación entre ellos, ¿y aun así se atrevía a ordenarle que lo acompañara al hospital? Ana no podía entender de dónde sacaba Mateo semejante valor. Una sonrisa irónica se dibujó en su rostro mientras sus ojos brillaban con burla, una mirada que hirió profundamente a Mateo.
Él apretó los puños mientras sus astutos ojos se iban llenando rápidamente de ira.
—¡Ana!
Se había dejad