Le pusieron un goteo intravenoso. Lucía lucía demacrada, con una sonrisa amarga en los labios.
—Ana, anoche tuve un sueño. Una niña lloraba pidiéndome que no la abandonara, prometiendo que sería buena —Lucía se quebró, sus ojos enrojecidos, y continuó—: Pero igual decidí abandonarla. Ana, ¿soy demasiado cruel?
Antes de acostarse en la camilla, Lucía parecía imperturbable. Pero una vez allí, todos los pensamientos que había evitado surgieron, y el dolor intensificó esa tristeza. Solo ahora Lucía