Toda la intimidad y romance dentro de la casa se desvaneció completamente.
Isabella abrió los ojos de golpe, una mala premonición la envolvió.
El rostro hermoso de Mateo frente a ella tenía una sonrisa fría, su temperamento decadente hacía que pareciera aún más peligroso en ese momento.
La miraba fríamente, diciendo palabra por palabra:
—Tú no eres Ana.
Ana nunca sería tan repugnante.
Isabella se sintió como si hubiera caído en un pozo de hielo, toda su sangre parecía haberse congelado, sus pier