La mujer se tensó por un instante. Luego aceleró sus pasos para irse. Ana quiso seguirla, pero con el atacante bajo su pie, solo pudo dejarla ir con frustración.
Sara abrazaba a Bella, aún conmocionada.
La niña, asustada y con la voz ronca de tanto llorar, se desmayó en brazos de Sara.
—¡Bella!
Sara gritó aterrorizada.
Sin importarle el caos a su alrededor, tomó a Bella en brazos y corrió hacia afuera, entre la multitud agitada y el ruido ensordecedor que mareaba a cualquiera.
Afortunadamente, l