Ana y los Ramírez habían llegado a esta situación por su propia culpa.
—No estoy muy segura, ¿qué pasa con Ana y él? —Isabella fingía ignorancia mientras por dentro ardía de celos. —Nada... —Mateo levantó la vista casualmente y sus palabras se apagaron. La furia volvió a inundar sus ojos con un rojo aterrador.
Desde su ángulo, podía ver medio rostro de Ana en una postura íntima y cariñosa con un hombre que no era Javier. —Mateo, Mateo... ¿pasó algo? —La voz ansiosa de Isabella lo devolvió a la r