Capítulo 384
La puerta del salón privado fue abierta desde fuera. El gerente del restaurante, con la llave maestra en mano, retrocedió nerviosamente.

Una joven de poco más de veinte años irrumpió a grandes pasos y, agarrando un cenicero de la mesa, se dispuso a golpear a Sara en la nuca.

En ese momento crítico, las pupilas de Ana se contrajeron. Soltó a Leandro y rápidamente levantó el brazo para bloquear el ataque.

—Ugh...

Con un gemido sordo, el cenicero de cristal golpeó su antebrazo.

Con una mirada gélid
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