Gabriel la miró a los ojos y con una leve sonrisa en los labios, dijo:
—Eres mi esposa, puedes hacer lo que quieras.
Desde aquel accidente de auto, Gabriel había estado aprovechándose de su supuesta amnesia para acercarse a Ana. La llamaba alternadamente "esposa" y "Ana". Hasta ahora, no había encontrado el momento adecuado para confesar la verdad... mejor esperar un poco más.
Ana se sintió desconcertada ante aquellas inesperadas palabras románticas. Un extraño calor recorrió su cuerpo y, nervio