—No necesitas explicarme nada. Mateo y yo solo tenemos una relación de sobrino y tía política.
—Isabella, ¿lo estás persiguiendo, verdad? Cuando lo consigas, no olvides llamarme tía, ¿eh?
¡Devastador!
Ana usaba descaradamente su posición de familiar mayor para atacarlos sin piedad. ¡Y lo peor es que no podían hacer nada al respecto!
Las expresiones de Isabella y Mateo, por una vez, eran idénticas.
Mateo apretó los dientes, con mirada sombría:
—Ana, ¡qué bien te has vuelto!
Siempre atacando donde