Irina sonreía forzadamente: sin duda había razones para no gustar de Ana. Además de su parecido con los Vargas, estaba el hecho de que sus energías no conectaban. Esto se había manifestado claramente desde su primer encuentro en el extranjero.
En cuanto a Mariana, nunca había visto a Ana con buenos ojos. Pero, limitada por su imagen pública, no podía decir nada. La vez anterior, cuando intentó tender una trampa a Ana en la gala benéfica, casi quedó al descubierto. Por suerte, Isabella cargó con