Ana no conocía la historia entre Gustavo y Selina.
Al hacer esa pregunta, la mente de Selina quedó momentáneamente en blanco.
Ana pensó que Selina necesitaba estar sola.
Salió de la habitación.
Apenas cerró la puerta, se encontró con Fabiola que venía a visitar a Selina.
Comparada con antes, el estado de ánimo de Fabiola parecía haber empeorado.
Las ojeras bajo sus ojos eran evidentes.
Al verla, Fabiola se esforzó por sonreír.
—Ana, ¿también viniste a ver a Selina?
—Sí, pero Fabiola, no está en