Un silencio absoluto invadió la sala.¿El tío codiciando a la prometida de su sobrino?
¿Los ricos realmente andaban jugando así?
El fuego de los chismes ardía intensamente. Casi todos inclinaron sutilmente los oídos, manteniendo una expresión impasible.
Mateo entrecerró los ojos de manera peligrosa.
Erik estaba satisfecho con esta reacción. Se recostó con arrogancia en la silla, mostrando una actitud tan provocativa que daban ganas de golpearlo.
—Señor Mateo, usted sabe que trabajé en el laborato