Ana alzó la mirada hacia él. En sus ojos, la frialdad distante se mezclaba sutilmente con desprecio.
La mano de Mateo quedó suspendida en el aire.
Su expresión era terrible.
—¡Ana!
Su voz profunda contenía irritación.
Incluso en ese estado, seguía desafiándolo, mostrando su mal genio.
¿Qué sentido tenía?
Si no fuera por consideración a su madre, ¡Mateo no se habría entrometido!
¡Ana era la perfecta representante de la ingratitud!
¡El tiempo realmente convertía a las personas en extraños!
Mateo r