Laura, rechinando los dientes, con mirada feroz, cuestionó: —Ana, ¿qué haces tú aquí?
Ante la escena de ataque colectivo, Ana ya estaba acostumbrada.
Levantó ligeramente los párpados, su mirada fría recorrió uno a uno sus rostros, y soltó una leve risa. —¿Qué pasa? ¿El centro comercial es de ustedes? Les aconsejo que no sean tan ridículos.
Los Ramírez eran repugnantes por igual.
Cuanto peor era su actitud, más contenta se sentía Ana.
Samuel ignoró a Ana, ella no era lo importante en ese momento.