Capítulo 189
Pero este hombre era Gabriel...

Ana miró fijamente sus ojos, y él no esquivó la mirada, sin mostrar rastro alguno de mentira.

La última pizca de inquietud que quedaba en el corazón de Ana se disipó al instante.

Gabriel se incorporó y abrió caballerosamente la puerta del coche.

—Señorita Vargas, hace frío afuera, ¿hablamos dentro del coche?

El asiento trasero era espacioso. Gabriel se sentó frente a ella, con sus largas piernas flexionadas y una delgada laptop sobre sus rodillas.

Se frotó el puen
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