La publicación de Ana era clara, ordenada y completa en evidencias, fácil de entender.
Jorge no sabía si era que él estaba siendo demasiado sensible, pero su intuición le decía que la explicación más razonable para el tratamiento que los Ramírez daban a Ana era que ellos ya sabían que no era su hija biológica.
Al expresar esto en voz alta, recibió la aprobación de Gabriel. Ambos habían llegado a la misma conclusión.
Ya en el coche, Jorge preguntó:
—Y tú, ¿qué piensas hacer?
Gabriel se quitó las