—Señor Mateo, quizás debería considerar donar sus ojos, ya que parece que no los está usando.
Ana apagó la pantalla de su teléfono y se mantuvo de pie con gesto despreocupado. A pesar de estar rodeada por tres personas, no mostró ni un ápice de temor.
Cuanto más segura se mostraba ella, más crecía la irritación de Mateo. A pesar de que Ana ya no tenía nada, ¿de dónde sacaba tanta arrogancia? ¿Quién le daba ese valor?
¿Gabriel? En este incidente de ciberacoso, no solo no había apagado el fuego, s