Capítulo 110
Ana se quedó momentáneamente paralizada.

Tras un instante, sonrió fingiendo calma:

—Considero al señor Urquiza un amigo, ¿no es normal preocuparse por un amigo?

Su rostro no mostraba fisuras, pero las palmas de sus manos sudaban de nerviosismo.

La presencia de Gabriel resultaba demasiado intimidante.

Especialmente ahora que estaban en el espacio reducido del automóvil.

Ana bajó rápidamente la ventanilla. La brisa nocturna entró, permitiéndole respirar mejor.

—¿Es así?

Escuchó la pregunta de Gabr
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