Nora
No me percaté de que me encontraba dormida, hasta que me desperté sobresaltada por fuertes golpes contra el cristal del coche:
—¡Nora! ¡Nora! —Escuché más allá de la neblina de la inconsciencia y me incorporé de golpe, con los ojos muy abiertos. Y mis manos cerradas con fuerza sobre la botella de agua —. Sal del coche, por favor. Así podremos hablar —. Me pidió la voz de un hombre que me observaba desde el otro lado, con las manos apoyadas sobre el techo del vehículo.
Me miró con impacienc