Ares
Pasé al menos cien veces frente a la habitación donde estaba durmiendo Nora con su hijo.
Sabía que era muy impulsivo, pero aún experimentaba una extraña necesidad de hablar con ella para disculparme. Me había sentido culpable desde que cerró la puerta de un golpe, dejándome solo en la cocina.
Me sentí culpable por haber dejado que se fuera a la cama, molesta y sin cenar. Apenas si había logrado pegar un ojo y después de darle muchas vueltas, comprendí que era inútil continuar perdiendo el