Ares
Una vez que la vi lo suficiente cerca como para saber que algo no iba bien. Sentí una punzada, seguida de una marea de emociones confusas. La intuición que me decía que se avecinaba un desastre inminente, se agudizó, a medida que se acercaba y conseguí ver su expresión tensa e irritada. Por lo que miles de posibilidades cruzaron por mi cabeza.
—Creo que iré a darle el almuerzo a León —dijo Eros —, ya pasaron los veinte minutos.
Asentí agradeciéndole silenciosamente.
—No lo dejes salir,