—Siempre.
Caminamos juntos hacia la puerta principal, y cuando llegamos, Rachel nos recibió con los brazos abiertos, dándonos un abrazo a cada uno.
—¡Por fin! —dijo, sonriendo de oreja a oreja—. ¡Ya me tenían preocupada!
—Exagerada, dije mientras me acercaba y le daba un beso en la mejilla.
—Hola cuñado.
Pero que… me volteo como la niña del exorcista.
—Hola cuñada, dejame decirte que estás hermosa.
Miro de Rachel a Jake y viceversa.
— ¿Qué? ¿acaso no puedo saludar a mi cuñado?
—¡A no! Pues disc