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Apenas atravesamos la sala de juntas todos levantaron la vista.
— Estaba apunto de llamarte hombre, me tenías preocupado, jamás en tú vida habías llegado tarde a una reunión.
— Watson hizo un chiste y se levantó tendiéndome la mano.
— Sí, lo siento pasé a dejar a mis hijos en el colegio.
— Quedó tan impresionado cómo Astrid y los demás socios, que no hacian más que mirarnos.
Ocupé mí lugar en la cabecera de la mesa de juntas a un lado de Astrid y dónde ya habían sentada