El rostro de Livia palideció, aunque era una mujer atrevida y con ínfulas de grandeza, el ser atrapada infraganti sobre el marido de otra mujer no era algo que se pudiera sobrellevar con facilidad.
— ¿No me escuchaste? ¡Apártate de él! —Angelina repitió con voz fuerte y actitud decidida.
Livia reaccionó y levantó las manos de sobre el rostro de Adriano y se paró de la cama.
— Señora, no es lo que usted piensa… — Se apresuró a decir — Yo no…
— ¿Qué no es lo que estoy pensando? ¡Qué frase tan des