Adriano la miró con asombro atar cabos y claro, la razón de la enfermedad de Angelina, de su estado de salud era él, nadie más que él.
— Me diste tu sangre…
Ella bajó la mirada en una afirmación silenciosa mientras él procesaba con calma la información.
— Pudiste haber muerto — Continuó con voz gélida.
— No, no extraje tanto como para ponerme en verdadero riesgo, solo lo necesario — Ella se apresuró a decir.
— Igual, estás muy débil por mi culpa.
— No es tu culpa…
— Ah, ¿No? ¿Y entonces de quié