Mundo de ficçãoIniciar sessãoSus manos vagaban por la piel tibia, sus labios unidos a otros labios en un beso apasionado, sus caderas en un constante vaivén errático mientras su duro pene se deslizaba en aquella cavidad mojada y tórrida. El delgado cuerpo debajo del suyo se arqueó en un ángulo casi perfecto permitiendo a su pene llegar más profundo y rasguñar el placer del inevitable orgasmo.
—Ah, sí, sí. Sigue, Santi, más duro —gimi







