Capítulo XCII

Después del dolor, viene el inherente odio.

Hemos contemplados sus cuerpos resguardados tras el frío, congelándose, conservándose para el momento adecuado y así soltarlos de tan deplorable estado. Algunos cuervos han bailoteado sobre ellos, pero les he impedido el que se los coman con el viento de mi parte.

Me sumergí en la depresión al alejarme de mi grupo para sentarme al lado de una roca que podría ser de mi alt

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