Capítulo LXXXIX

Los enterramos, mas no pudimos cavar sobre sus tierras flores para que renazcan o un pedazo de ellos florezca en ellas. Nos despedimos con una oración al cielo para un buen viaje al más allá, mientras manteníamos con los sentidos activos.

Recalco… esto no se quedará así.

Siento en el ambiente el rencor de mis compañeros que no se quedaran de brazos cruzados. Y como es difícil que olvide rostros, les he dado

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