Capítulo 10. Una cena muy real.
Elizabeth Wardwell.
La seda del vestido color dorado se sentía como una lija contra mi piel, un recordatorio constante de que ya no era dueña ni de la tela que cubría mi cuerpo.
Me miré una última vez en el espejo de cuerpo entero que dominaba mi nueva habitación, una estancia lujosa que, a pesar de sus tapices y su mobiliario, no era más que una jaula de alta seguridad.
La marca en mi cuello, esa media luna dorada que Lucio describió con una admiración que yo no compartía, palpitaba bajo la pi